LOS SERES TÉRMICOS

Al visionario y teósofo Rudolf Steiner le fue revelado que este planeta, antes de ser la Tierra que conocemos, pasó por una etapa solar, y antes por una etapa saturnina. El hombre, ahora, consta de un cuerpo físico, de un cuerpo etéreo, de un cuerpo astral y de un yo; a principios de la etapa o época saturnina, era un cuerpo físico, únicamente. Este cuerpo no era visible ni siquiera tangible, ya que entonces no había en la Tierra ni sólidos ni líquidos ni gases. Sólo había estados de calor, formas térmicas. Los diversos colores definían en el espacio cósmico figuras regulares e irregulares; cada hombre, cada ser, era un organismo hecho de temperaturas cambiantes.

Según el testimonio de Steiner, la humanidad de la época saturnina fue un ciego y sordo e impalpable conjunto de calores y fríos articulados.

«Para el investigador, el calor no es otra cosa que una sustancia aún más sutil que un gas», leemos en una página de la obra Die Geheimwissenschaft im Umriss (Bosquejo de las Ciencias Ocultas). Antes de la etapa solar, espíritus del fuego o arcángeles animaron los cuerpos de aquellos «hombres», que empezaron a brillar y a resplandecer.

¿Soñó estas cosas Rudolf Steiner? ¿Las soñó porque alguna vez habían ocurrido, en el fondo del tiempo? Lo cierto es que son harto más asombrosas que los demiurgos y serpientes y toros de otras cosmogonías.

*Del libro,  Los Seres Imaginarios de J.L. Borges y M. Guerrero (1978)

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